El desastre de la Amazonia y la imprevisión de nuestro Gobierno

Por Manuel Herrera, analista político 

Hace  algunas semanas se presentaron en la Amazonia  hechos que indicaban  que esta vez los incendios que afectaban la región  tenían características distintas, por su gravedad e intensidad, a los que habitualmente ocurren  en esta época de cada año.  La cantidad de los focos ígneos, la distancia entre ellos y la gran superficie que abarcaban, permitía a cualquier persona, sin necesidad de que fuese un experto, advertir que las consecuencias de estos fenómenos serían dañinamente importantes tanto para la economía como para la salud de los habitantes de la región y de los países vecinos. La información no era de ninguna manera reservada sino que era ampliamente difundida por la prensa de casi todos los países incluido el nuestro y varios europeos y obviamente por diarios de Brasil y de toda América.

Algunas personas por los medios a su alcance pretendían advertir sobre la necesidad de que se adoptaran medidas urgentes ya que la situación tendía a agravarse día a día.  Quienes en nuestro país  formulaban esta advertencia y pedían incluso que nuestro gobierno se ocupara del tema recibían como respuesta de que nada podía hacerse. Posición sin duda facilista o que ignoraba que los países tienen derecho a solicitar a quienes gobiernan estados vecinos a realizar acciones concretas que impidan que hechos surgidos en ellos generen daños en el otro territorio.

Aun cuando la pasada semana era ya evidente que los daños sobre nuestro país sería muy graves y profundos, el gobierno no hizo absolutamente nada hasta el viernes  23  de agosto cuando, después que el Presidente de Francia hiciera un formal reclamo al de Brasil, simplemente se mantuvo una conversación con autoridades de Brasil.

Solo para resumir, son obvias las consecuencias que sobre la salud de los habitantes de la Argentina puede tener el humo, muchas veces tóxico,  que descenderá rn nuetro territorio. Enfermedades respiratorias y sobre la piel, seguramente serán consecuencias ineludibles que podrán ser graves cuando perjudiquen a personas con enfermedades crónicas. Y, además, se registrarán consecuencias sobre los seres humanos y los animales de la contaminación de las aguas.

Las consecuencias  económicas son también muy graves y su extensión es difícil de prever,

En primer lugar no puede ignorarse que una afectación del  gigantesco humedal que se ve severamente dañado repercutirá en el clima y en el régimen de precipitaciones de todo el territorio argentino perjudicando especialmente las fuentes donde se originan los principales rios del litoral y del norte argentino. Pero también perjudicará el oeste argentino .

Demás esta decir que no es posible establecer como esto alterará las precipitaciones sobre
nuestras principales regiones de producción agrícola y ganadera ,con el  consecuente perjuicio de los rendimientos. Pero también podrá dificultar el normal abastecimiento de agua para las necesidades de las ciudades sobre todo la bebida para las mayores concentraciones humanas del país.

A pesar de que estos problemas fueron destacados por algunas personas entre las que me encuentro, el gobierno nacional. Como antes dijéramos ni siquiera planteo por la vía diplomática este tema tan grave que justificaba reclamos ante las autoridades de Brasil y la solicitud a través de las Naciones Unidas de acciones  conjuntas con su lógico financiamiento compartido de todos los países ya que por su dimensión y gravedad, el tema afecta a toda la humanidad.

El gobierno nacional nada hizo.

Ello me lleva a preguntarme quién se ocupa de proteger la vida , la salud y los derechos de los habitantes de nuestra República y los intereses económicos permanentes del país.