El enorme trabajo de ordenar la realidad

Por Cynthia García
Transcripción de la columna del jueves 21 de noviembre en el programa La Mañana de Víctor Hugo en la AM750″

La OEA, digo a título personal, con enorme hipocresía hace un llamado a elecciones y habla de la necesidad de que haya elecciones. Por supuesto que es urgente que haya elecciones. Es lo que se está planteando ahora, cuando la dictadura de Jeanine Áñez está llamando a elecciones. Evo Morales planteó la necesidad de una Comisión de la Verdad, integrada por referentes internacionales porque hay sendos informes de organismos de control y de veeduría electoral que discuten esta insinuación de fraude que planteó la OEA en su auditoría y que significó la complicidad con el Golpe sangriento que se está viviendo en Bolivia.

Por lo menos ya hubo 30 muertos. Y digo «por lo menos» porque esa es la información oficial y probablemente sean más. Hubo 30 muertos por balas de plomo, pero pareciera que las balas entran solas, que a la gente le entraron solas las balas. La dictadura de Áñez, con la complicidad de la OEA y del Gobierno de Donald Trump, niega su responsabilidad en el terrorismo de Estado que está viviendo Bolivia. Y ahí es donde nos convoca una encrucijada: ¿Cómo contar la verdad? Pareciera ya que mostrando no alcanza por la cantidad de información en este siglo de la Revolución Tecnológico y las redes sociales.

Aquí es donde uno pide ayuda porque ya no existe más la idea del ‘Yo pienso’, sino que es una idea colectiva. Estuve charlando un largo rato con Nicolás Tolcachier, lo que se ha convertido en un ida y vuelta permanente, y con Jorge Alemán, y hay una idea: hay una doble oscuridad. Las noches, los vuelos, los pabellones, la desaparición es sustituida. Y esto es siniestro por lo negado: está visiblemente negado lo que ocurre.

Entonces, ¿cuál es la disputa? ¿Cuál es la traducción de «Las balas entran solas»? Se genera un trabajo durísimo para ordenar, ni más ni menos, que la realidad. Es como si tuviéramos que ordenar la realidad y tratar de salir de los carriles distractivos que permiten, por ejemplo, que el hastag más importante en Bolivia ayer fuera #EvoTerrorista. ¿Cómo se responde ante la masacre? ¿Cuál es la respuesta a las imágenes de los caídos con banderas, con whipalas, por balas en el pecho? La respuesta es: «Son terroristas», «Son subversivos», «Evo está llamando al terrorismo». Hay un vídeo que circula de un supuesto llamado a la violencia de Evo Morales que es un doblaje de su propia voz. ¿Qué se hace frente a eso? Porque las imágenes están, los muertos están siendo enterrados, los periodistas se esconden para poder mostrar lo que no se quiere mostrar.

Ayer llegaban a El Alto medios extranjeros y la gente aplaudía el paso de los periodistas porque creen que de esa manera se puede visibilizar. La encrucijada es que contando, no llegamos a mostrar. Por eso la frase importante que pensábamos con Tolcachier: el trabajo duro es ordenar, ni más ni menos, la realidad.

Entre los caminos distractivos están las voces de intelectuales. Rita Segato no es la única que plantea esta idea de la «autocrítica». Por Dios, ¿cómo se puede pensar en debatir en medio de la masacre? En medio de la masacre no hay debate posible. Y esto es lo que remarca y refuerza este audio breve de Jorge Aleman:

¿Quiénes son los que están ciegos o ciegas? ¿De qué estamos hablando? ¿Qué pasa con la Unión Europea que no levanta la voz? ¿Qué pasa con los grandes mandatarios de este mundo que no levantan la voz? ¿Qué pasa con el Papa Francisco que sigue sin levantar la voz frente al Golpe de Estado en Bolivia?

Entonces, ¿tenemos que hablar de la crítica o la «autocrítica» de los procesos populares de América Latina? ¿Es tan fácil visibilizar esos procesos de autocrítica y tan difícil ver la guadaña del enemigo que está cortando la cabeza en nombre del «terrorismo» y del terrorismo de Estado?

Me parece que muy peligroso. Yo no quiero debatir con Rita Segato ni con ningún intelectual porque lo peligroso es el camino distrativo. Lo peligroso es que eso desordena la realidad. Lo peligroso es que eso ampara la idea de que las balas matan solas a la gente que muere masacrada en Bolivia o en Chile.

Ahí es donde tenemos que poner el foco. Tenemos que salir de la distracción y retomar los caminos de verdad, justicia, Estado de Derecho que nos proponen las Madres y las Abuelas. Nosotros esta columna la hacemos con la memoria de una sociedad que tuvo 30 mil desaparecidos y que ahora está reeditando la Conquista y el terrorismo de Estado en Bolivia.

La distracción es tremenda, por eso la desesperación. Por eso la negación de lo evidente es el signo de estos tiempos perversos. Por eso es el mismo discurso que, estirando un poco más, te mata y después dice que no es lo que parece.