Extraños llamando a la puerta Zygmunt Bauman. Editorial Paidós.

«La inseguridad incorporada a la condición existencial de sectores cada vez más amplios de la población es una ayuda para los políticos a los que no hacen ascos. Esa precariedad va camino de convertirse en un importantísimo material de fabricación de técnicas de gobierno en la actualidad. Los gobiernos no están interesados en calmar las inquietudes ciudadanas. Buscan más bien cebar la ansiedad provocada por la incertidumbre del futuro”.

El sociólogo, filósofo y ensayista nacido en Polonia, Zygmunt Bauman, falleció lamentablemente hace algunas pocas semanas. Su legado es una valiosa obra en la que analiza la sociedad actual con el lente de un europeo que se reconoce dentro de la centralidad, pero con la intención política de desbordar ese enfoque. Este es el caso de uno de sus últimos textos, Extraños llamando a la puerta, donde desmenuza la trama de la inmigración económica y de los refugiados que llegan a Europa. Se calcula que este año 3 millones de inmigrantes intentarán sobrevivir en el continente bajo un creciente discurso público de rechazo a “los extranjeros”.

Los procesos migratorios, según Bauman, no son nuevos sino que son parte de la modernidad desde su origen; lo que sí es signo de nuestros tiempos es la amenaza que significan para gran parte de la sociedad, incluyendo a una clase política que utiliza este miedo -muchas veces expresado con suma violencia- para generar políticas de muros, cercas y centros de detención. Por estas horas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump,  anunció que «en cuestión de meses» comenzará la construcción del muro que divida su país de México. En nuestro país el gobierno de la alianza Cambiemos mantiene como un proyecto avanzado la cárcel para migrantes del barrio de Pompeya y además busca modificar la ley de migraciones vigente para hacerla más restrictiva.

Bauman señala como eje fundamental de la circulación de los discursos descalificadores sobre la inmigración que “la población general está acuciada por la precariedad y endeblez de su posición social”. Los gobiernos se desentienden de su responsabilidad de atender integralmente las necesidades de los ciudadanos. Los políticos ya no son capaces ni siquiera de prometer una existencia digna a los hombres y mujeres de la mayoría de los países. Entonces, la inmigración significa más competencia en una “sociedad del rendimiento”. Este concepto describe a una sociedad especializada en la depuración de depresivos y fracasados, en la que prevalece el rendimiento individual, y en la que se pone “al adaptado” en alerta constante.

En palabras del sociólogo “los miserables autóctonos ven en los migrantes un ansiado fondo que está aún más abajo que ellos”. En tanto, para la clase que todavía puede mostrar sus bienes y sus logros “el extranjero personifica el derrumbe del orden y a los que transmiten las noticias de los rincones del mundo donde suceden conflictos bélicos, hambrunas, temas que no aparecen cotidianamente en las noticias, pero que los extranjeros portan como víctimas. Eso nos recuerda nuestra propia vulnerabilidad”. La reacción de esta parte de la sociedad es culpar al mensajero. Sin embargo, Bauman recuerda que los refugiados se escapan de Oriente Próximo y Medio luego de las constantes intervenciones de las fuerzas occidentales en la zona. Esas poblaciones prefieren atravesar los peligros de viajar en precarios botes por el mar que permanecer en sus lugares de origen, aún sabiendo que de arribar a las puertas de Europa no serán bienvenidos.

El pensador considera que la falta de sensibilidad ante la desoladora situación de los migrantes y de los refugiados se debe “al modo de vida moderno que genera la conciencia de que hay personas superfluas”. ¿Cuál es la operación para construir la idea de seres sobrantes?. Se les atribuye a las personas rasgos que perjudican su imagen y por eso ya no merecen consideración ni respeto. Se las deshumaniza. Zygmut Bauman cita en este punto al filósofo Giorgo Agamben que habla de “Homini Sacri: personas despojadas de toda significación y de todo valor laico o religioso”.

Extraños llamando a la puerta  también explica el concepto de “securitización” que  en primer lugar es “desplazar la preocupación ciudadana de los problemas que los gobiernos son incapaces de manejar hacia otros problemas en los que sí sea visible su compromiso y efectividad ocasional”. Empleos de calidad y protección social sucumben bajo la cruzada contra el narcotráfico y el terrorismo.  Es a la vez un instrumento que tiene en su eje la reformulación de la idea de inseguridad que demanda automáticamente una demostración de fuerza y determinación por parte de un estado, la identificación de un enemigo visible causante de los males y, como consecuencia una falta de evaluación moral de la población sobre lo que les ocurre a los señalados como delincuentes o terroristas.

Ante este escenario en el que un sector de los medios de comunicación y de los políticos juegan un rol fundamental reforzando la estigmatización de los migrantes asociados con la delincuencia, y en Europa con el terrorismo, Bauman sostiene que se desarrolla una política suicida “que no hace más que acumular carga explosiva para una futura detonación”. La solución a corto plazo no existe, pero sí a mediano y largo plazo. Para alcanzarlas, no sin dificultades, es necesario rechazar la idea de separación y afrontar los desafíos que plantean las diferencias, buscar ocasiones para entrar en contacto con ellas con la esperanza de que de eso resulte una fusión de horizontes. Zygmut Bauman alerta: “la humanidad está en crisis y no hay otra manera de salir de la crisis que mediante la solidaridad entre los seres humanos”.

 

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