FMI: Fuimos Muy Ingenuos

    Congreso de la Nación Argentina, cámara de diputados y diputadas

    Editorial de Cynthia García y Pablo Di Pierri

    Así podría excusarse o intentar hacerlo alguna de las fracciones del Frente de Todos. Hubo ingenuidad, quizá. Hubo candor, tal vez. Faltó política, seguramente. Se pecó de soberbia. Pero no vamos a hacer un rosario de críticas con el diario del lunes.

    El gobierno subordinó toda su gestión, o buena parte de ella, al acuerdo con el Fondo y lo que se votaría hoy en Diputados no contiene mucho más que una perogrullada: dice el texto de la Ley que se faculta al Ejecutivo a negociar en los términos que dicta la Constitución.

    El chiste de pasar por el Parlamento era mostrar a los acreedores el volumen político y social de una coalición de gobierno que negocia desde una posición de fortaleza. Anoche, quedó expuesta la debilidad.

    La letra del proyecto terminó siendo redactada a pedir de boca de la oposición que contrajo la deuda monumental, sobre la cual no pesa un solo cargo. El ministro de Economía, quien pretendía que se aceptara su programa económico, en el texto quedó devaluado por el pragmatismo político de un presidente acorralado por los mismos de siempre; esos actores con los que no supo, no quiso o no pudo confrontar, lo mismo da.

    Hoy, el gobierno está un poco más débil aunque saque la media sanción en la cámara baja con una cantidad de votos que ronde las 200 manos alzadas. Que te voten muchos no era la cuestión. Que voten el contenido de lo que vos suponías que había que negociar era una muestra de poder. Pero eso ya no será posible.

    Alberto Fernández amanece hoy con la añoranza de una unidad que se le escapa, el anhelo de que el establishment no le siga corriendo el arco y la certeza de que su gobierno está condicionado por el Fondo, los grupos económicos, los medios y la oposición.

    Uno podría decir que es el Presidente “casi casi” contra todos. Pero se fue encerrando solo. Se fue enredando solo. Y ahora la suerte del campo popular tambalea.

    Decíamos hace un par de semanas que la clave no era poder pelearse o no. La clave era pelearse para poder o no. La disyuntiva sigue siendo la misma: nadie construye poder pidiendo permiso.