La Débil Mental de Ariana Harwicz. Editorial Mardulce. Género Ficción

«Bailar conmigo pegada un bolero sin miedo a que las autoridades la denuncien otra vez y ella tenga que buscarme con la cabeza gacha. Intentando modular como las otras en la comisaria. Qué largos son los días de verano, ¿no es cierto? Pronto llega el invierno, la luz que se corta de un mazazo a las cuatro de la tarde y las muertes por asfixia. Quiero arrojar mi infancia como esas pelotas que escupen las lechuzas con restos de dientes y de los cerebros, que no pudieron deglutir. «

“La Débil Mental es una novela sobre los efectos radioactivos del deseo” resume Ariana Harwicz, su autora. Y como para que no queden dudas completa: “Es una novela sobre el acoso del deseo cuando es tan potente como Chernóbil. Cuando ese deseo es de juguete, cuando es burgués no pasa nada“.

En el texto hay, por lo menos, dos formas de amor/deseo (pensando que amor, enfermedad, deseo son terrenos de límites borrosos): Una es la relación imposible de la hija con un hombre que tiene otra familia. De ahí viene su debilidad mental, de la fragilidad y la obsesión de estar enamorada, de desear y no ser correspondida. La otra forma se desarrolla en la relación de la madre (que odia ser madre) y ésta hija obnubilada.

Ariana Harwicz, nació en el 77´ en Buenos Aires, y desde hace 8 años que vive en un pueblo de Francia, y allí se cruzó con el núcleo de la historia: “Había una vecina que era como la oveja negra de la comunidad, todos decían que era ´una débil mental’ en el sentido que era una retrasada. Andaba juntando hojitas, ramitas, y a mí me quedó dando vueltas la imagen en la cabeza. Un día me la encontré en el tren viajando a París, y era una chica que estaba enamorada de un hombre casado. De esa asociación de quedarse como idiotizada por un deseo que no te corresponde nació la idea de la novela. En tanto, la madre de La Débil Mental putea por haber sido madre, la sofoca la maternidad y, a la vez, como es una novela de deseo, desea a su hija. Desea poseerla”.

En el texto no hay nombres, no hay precisiones geográficas, ni temporales. Solo sabemos que se trata de una zona semirural y que las protagonistas -madre e hija- viven alejadas de la comunidad porque son rechazadas, señaladas. En cambio sí hay armonía con la naturaleza y con las necesidades del cuerpo propio. En este sentido, Harwicz asegura que en su novela el GPS no funciona. “Hay un tiempo que es el tiempo del campo, distinto al de la ciudad, distinto a cualquier otro. Bucólico, donde las horas son y no son. Y el tiempo del deseo. ¿Cómo se mide el tiempo hasta que el tipo viene y te toca? No me parece interesante localizar. Lo que me interesa es arrinconar a los personajes, llevarlos a un descampado y ver cómo se las arreglan ahí”.

El lenguaje de La Débil Mental es oscuro, corrosivo y, a la vez, poético. Ariana Harwicz construye una historia, un paisaje y un tono violentos, enigmáticos y bellos. Algo de todo esto se condensa en un renglón: «Enamorarse es la gran condenación, es el diluvio con un refugio electrificado».

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