La línea de sueños (y el sueño fusilado) entre Diego y Lucas

Cuando La Garganta Poderosa entrevistó a Maradona en el Mundial de Brasil, mientras en paralelo transcurría aquel programa De Zurda, para Telesur; el periodista le preguntó a Diego cómo era su barrio y la respuesta fue famosa: “Nací en un barrio privado… Privado de luz, gas, agua, teléfono” y empieza a hacer un recorrido muy portentoso en su fuerza contando cómo a veces Doña Tota o Don Diego no se sentaban a la mesa; no por falta de lugar sino por falta de comida y aducían descomposturas o dolores de panza que en realidad eran dolores de hambre.

Diego vivió esa vida hasta los 16 años. Cuando en octubre del 76, en plena instauración de la dictadura, debutó en la Primera en Argentinos Juniors y empezó a ser un muchacho rutilante, seguido y destacado… Pero aún vivía en la pobreza. Una pobreza con sueños, con esas famosas imágenes. Vivía el entusiasmo y el deseo formidable de querer estar donde finalmente estuvo, con una Copa del Mundo en sus manos y el propio mundo en sus manos también.

Pero mientras fue un niño, Diego fue un niño pobre.

¿Se puede trazar esta línea entre Diego y Lucas, el niño fusilado por la brigada de civil de la Policía de la Ciudad?

Entre los 0 y los 16 años -17 tenía Lucas- hay una paridad en relación a una vida humilde recorrida y a un sueño compartido. Después Diego fue Diego , su debut en Boca y una vida en creciente brillantez cósmica.

Luca no la pudo tener. Quedó ahí, fusilado en el piso, soñando el mismo sueño que Diego soñó. Jugar en Primera.

¿Cuesta pensar ese paralelo, no? ¿Pero no esta a la vista acaso? Desde la más profunda tristeza esta idea en donde hay, sí, una vida que puede empatarse. Entre dos pibes con sueños. Maradona supo ser un chico con sueños. Y los pudo cumplir. Lucas no, pero porque lo mató la policía:

En la marcha por Lucas, el adolescente que manejaba el auto en el que fue asesinado su amigo, se quebró en llanto y dijo: “Gracias a todos los que vinieron. Mi amigo era bueno, era humilde, se despertaba temprano todos los días. Los que nos tenían que proteger le sacaron el sueño a mi amigo, que quería jugar en Primera como todos nosotros”.

A Lucas no lo dejaron frustrarse, no podrá tropezarse con imposibilidades; no lo dejaron darse cuenta si la carrera futbolística le depararía éxitos, no lo dejaron andar por el camino que transitan quienes tienen vida. Ni más ni menos.

Los sueños de Maradona seguramente Lucas los tenía porque Diego fue modelo, trazó huellas en la generación de sueños. Diego es el generador de esos sueños. Sigue siendo. Es la usina indispensable que formula esos sueños.

Diego fue la condición de posibilidad de Lucas, en los sueños que pudo ejercer.

La imagen de Diego a los 10 años diciendo: “yo quiero jugar un mundial”… ese registro milagroso de un Diego changuito, con la consumación de ser luego ese tipo que levanta la copa del mundo, es la cinematografía intima de cada chico que sueña lo que soñaba Lucas.

Hay un poema de Leonardo Favio, que escribió cuando Diego estaba muy mal, allá por 2004, que en un momento dice: “mientras haya un planeta en que respire un niño, un niño habrá que sueñe que es Diego y que repite los goles imposibles de músicas y pájaros”.

Ese niño que respiraba y que ya no respira más es Lucas y Lucas soñó que es Diego, aunque haya nacido después que Diego. Porque lo que Diego produjo fue un manto de ensueño para todes les niñes que soñaran con el fútbol, en todos los tiempos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here