Los concursos del diputado Waldo Wolff

Por Jorge Elbaum*

El diputado nacional por la provincia de Buenos aires, Waldo Wolff, perteneciente al conglomerado de Propuesta Republicana, dedica una importante parte de su agitado cronograma de legislador a difundir, a través del perfil de su Twitter, trivias de cultura general. Los destinatarios de sus interrogantes virtuales son sus seguidores, a quienes les brinda un rango de horario determinado para contestar sus profundos cuestionarios. Las creativas “trivias” son sugeridas por asesores de su despacho, cuya dedicación por buscar fotografías u originalidades triviales ha causado la sorpresa y la extrañeza de varios de sus colegas diputados, quienes no logran explicar el origen del nuevo divertimento del ex vicepresidente de la DAIA, quien –además—poco se caracteriza por ser un bibliófilo paradigmático.

Sus contactos más cercanos, entre los que figuran parientes y amigos de la adolescencia afirman que los interrogantes planteados por el ex arquero de Ituzaingó y Atlanta no son precisamente un ejemplo de las sapiencias obtenidas a lo largo de su trayectoria deportivo/cultural. Más aún, su propia progenitora, Martha Wolff, llegó a confesar en una cena con conocidos, que “Waldito no es precisamente un muchacho muy leído…”. Por su parte, quienes interactúan semanalmente con el encargado de llevar el estandarte del ex fiscal Nisman, no logran identificarlo con ningún tipo de interés cotidiano por aspectos intelectuales, de la cultura, ni de educación. Pese a su ostensible interés en dichos aspectos no existe registro parlamentario alguno, en sus dos años de actividad legislativa, ligados con la comisiones relacionadas con la Ciencia y la Tecnología u otras concomitantes.

Los divertimentos del diputado –que motorizaron una irónica consideración del presidente del bloque de Cambiemos en la Cámara Baja— incluye premiaciones consistentes en cenas, aparentemente, a ser obladas por el diputado de marras. Un recorrido por la cantidad de participantes de las trivias arrojo la módica suma de 10 contertulios virtuales, motivados –sin dudas– por el ejercicio cultural y la promesa de premiación consistente en una cena de “sus seguidores” con el diputado. El tiempo y las tareas que insumen las cautivantes prácticas lúdicas para los asesores del tribuno son financiadas por el presupuesto del poder legislativo. Un experimentado empleado de planta permanente del Honorable Congreso de La Nación se animó “en off” a dar su opinión sobre la novedosa actividad de Wolff: “Muchos legisladores llegan a la Cámara con una intención de conseguir la atención de la ciudadanía y son capaces de hacer cualquier cosa para hacerse conocidos. El caso de Waldo Wolff es similar al de muchos otros que, por carecer de formación política, intentan reemplazar su acceso al reconocimiento a través de caminos alternativos no vinculados a su rol de representantes del pueblo».

El espíritu trivial del diputado le ha granjeado algunas críticas de quienes consideran que el tiempo de un legislador debiera ser canalizado hacia la elaboración de leyes, estudios de legislaciones comparadas o análisis de dictámenes dentro de las comisiones en las que se dividen los diputados dentro de la Cámara baja. De hecho, varios entrometidos dentro de su red de seguidores se han animado a señalarle que la función legislativa no aparenta ser la ocupación básica ni prioritaria del ex arquero. Su respuesta a las críticas –comunicadas mediante el twitter— ha tenido el tenor del sujeto que busca el cultivo intelectual de la población, pero que resulta incomprendido. Sus concursos –afirma— poseen la característica de basarse en “cuestiones apartidarias” (¿?), catalogación que no ha logrado ser descifrada por los atónitos periodistas y tuiteros que viralizaron humorísticamente las trivias wolffísticas.

La aparente –y desesperada– necesidad de figuración y estrellato de Wolff queda en evidencia además por el desfile por los programas televisivos que combinan altisonantes debates pseudo-políticos con hondas y sesudas hipótesis y elucubraciones sobre el mundo de la farándula junto a trascendentales conflictos de alcoba de personajes públicos. Según diferentes seguimientos de comunicación política, Waldo Wolff es el representante del Pro que más veces ha participado en “Intratables”, uno de los programas televisivos más paradigmáticos del vedetismo discursivo, cuya identidad no parece ser contigua al mundo de la cultura.

El Twitter del político, sin embargo, incluye, “confesiones de parte” que bien merecen “el relevo de prueba” porque de alguna manera hacen explícito su cometido. En uno de sus últimos posteos, del día 22 de enero, parece darle respuesta a sus seguidores en relación a la motivación última que orienta sus íntimos deseos de elevar el nivel cultural de sus seguidores.

* Sociólogo, Dr. en Ciencias Económicas y Presidente del Llamamiento Argentino Judío