«Si mi padre pudiera, me enviaría a un centro clandestino de detención»

La integrante del colectivo Historias Desobedientes, Analía Kalinec, declaró ante la Sala IV de la Cámara de Casación Penal y reiteró su pedido para que su padre, el represor Eduardo Kalinek, no sea beneficiado con salidas transitorias. «Si mi padre pudiera, me enviaría a un centro clandestino de detención y me aplicaría la tortura como hizo con todas sus víctimas», sostuvo.

Analía destacó la importancia de su declaración ya que consideró «histórico» que lxs jueces Mariano Borinsky, Javier Carbajo y Gustavo Hornos hayan aceptado a la organización que integra como «amigo del tribunal». En este marco, Kalinec explicó que «mi padre no se arrepiente de haber cometido los delitos por los cuales resultó condenado» y recordó que «me inició acciones legales para declararme como indigna e impedirme heredar a mi madre».

Este jueves, el tribunal de Alzada convocó a la audiencia para escuchar a las víctimas antes de resolver el recurso de Casación interpuesto por el Ministerio Público Fiscal contra la decisión del TOC 2 de la Ciudad de Buenos Aires que concedió la solicitud de salidas transitorias del denominado «Doctor K». El juez Enrique Méndez Signorin, había dado ese beneficio al represor, de 67 años, condenado a prisión perpetua por crímenes cometidos en los centros clandestinos de detención de Atlético, Banco y Olimpo (ABO) instalados por la dictadura militar en la ciudad de Buenos Aires.

A continuación, la transcripción de la declaración completa de Analía Kalinek

“Hola, buenas tardes. Estoy acá en calidad de integrante del Colectivo Historias Desobedientes, y si tiene algún valor, ya sea político, social o humano, también como hija del condenado Eduardo Emilio Kalinec.

Lo primero que quiero decir es que no es algo justo tener un padre genocida, estamos acá hablando de justicia, yo creo que un padre nunca debería ser genocida. Sin embargo, quienes formamos parte de este colectivo sabemos de la dificultad, de los recorridos personales y los costos emocionales que trae tener un padre genocida.

Estamos también hablando del principio de legalidad y yo le quiero decir a mi papá que me parece hipócrita de su parte apelar a este principio cuando él no tuvo ninguna condescendencia con las personas que eran violentadas y torturadas por él en centros clandestinos.

Saludo a la defensora oficial, y ojalá las víctimas de mi padre y los 30.000 y las 30.000 compañeros y compañeras detenidxs y desaparecidxs hubiesen tenido una defensora con tanta calidad y un tribunal que también hubiese juzgado sus acciones en el marco de la ley. Esto es algo que no pasó.

Mi padre, condenado por crímenes de lesa humanidad tiene más años impune que preso. Esto me parece importante destacarlo, no es un dato menor. Estamos hablando de lo que la ley dice taxativamente, sabemos que muchas veces la ley no es justa y se cometen situaciones donde “lo que está escrito” o taxativamente determinado no se corresponde con lo que pasa socialmente o debería ser justo. La ley no pide falta de arrepentimiento ni que haga aportes mi padre en relación al destino de quienes aún hoy permanecen desaparecidos o de quienes han sido apropiados por familias que niegan la verdadera identidad a niños y niñas –hoy adultos- que viven con una identidad falsa. Pero sí lo pide la sociedad, y se lo pide también esta hija a este padre genocida. Porque, aunque mi padre no lo admita -y esto queda comprobado y probado en el escrito que él presenta y firma de puño y letra en el juzgado civil N° 67- mi padre no se arrepiente de los crímenes que cometió. Mi padre sigue manejándose en esta lógica de “eliminación al que piensa diferente” y de “dueños de la verdad”. Esto queda gráficamente expresado en esta acción que él inicia contra mi persona, contra una hija desobediente, que se niega a convalidar los crímenes que cometió. Como bien señalaba el Dr. Pablo Verna mi padre niega su condena, se autorreferencia como “injustamente preso, acusado genéricamente por crímenes de lesa humanidad”, indica en el mismo escrito que yo fui «detectada por grupos activistas en la facultad de psicología”, y que me convertí en una persona que él desconoce. En esta lógica de “eliminación al que piensa diferente” hoy, este padre, está queriendo eliminar a su hija de la familia. Yo creo, señores jueces que si mi padre hoy tuviese una picana no dudaría en llevarme a un centro clandestino y suministrarme corriente eléctrica. Esto se trasluce en el escrito que él presenta en el juzgado civil.

Y otra cosa que quiero decir, para cerrar y ser breve, y dar lugar a las víctimas que entiendo son quienes tiene prioridad en esta audiencia. Es algo que ya le dije a mi padre el pasado 30 de octubre en el marco de una “conciliación obligatoria” que tuvimos en el fuero civil: hay que ser cobarde para en un centro clandestino, en una sala de tortura maniatar, torturar y aplicar corriente eléctrica a seres humanos. Hay que ser cobarde para hoy, a 40 años de esos atroces crímenes seguir guardando silencio acerca del destino de las víctimas que aún hoy permanecen desaparecidas frente al dolor intolerable que genera, no solamente a los familiares, sino también a la sociedad toda. Hay que ser cobarde… Y hay que ser hipócrita también para estar apelando al principio de legalidad y a los recursos que el sistema democrático otorga para obtener beneficios personales.

Nosotrxs, desde Historias Desobedientes esperamos que no se otorguen salidas transitorias en este caso, ni en ningún otro. Porque entendemos que las condenas a los criminales de lesa humanidad deben ser efectivas y deben ser ejemplares para que estos crímenes no se repitan.”