Un partido de 90 minutos

Por Martin Wallach*

El calendario electoral de 2019 estipula que el 22 de junio vencía el plazo para inscribir a las precandidaturas para todos los cargos electivos que participarán en las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias del 11 de agosto.
Cumplido este trámite, quedaron finalmente ocho listas formalizadas para competir en la categoría presidencial en las elecciones primarias. Es la oferta más reducida desde que existen las mismas.

Las PASO, instituidas legalmente allá por 2009 y utilizadas por primera vez en 2011, no tienen como única finalidad la competencia entre diferentes líneas dentro de los mismos espacios políticos, sino también la de superar el umbral necesario para la participación en octubre: el 1,5% de los votos válidamente emitidos.

Tras semanas de controversias impulsadas desde algunos medios de comunicación y dirigentes del oficialismo alrededor de su implementación, finalmente fueron ratificadas, cumpliendo con un principio básico que declaman casualmente los detractores de las PASO: la ley.

Retomando, de las ocho listas presentadas tenemos la certeza de que tres de ellas acumularán casi el 80% de los votos. Y sabemos también que solo dos poseen chances reales de vencer. El próximo presidente, de no mediar ningún incidente extrapolítico, será Mauricio Macri o Alberto Fernández.

Las encuestas bien aplicadas pueden ser muy útiles para echar luz allí en donde reina la incertidumbre. Muchas veces se las sobreestima y se pretende que además nos anticipen el porcentaje de votos exactos que obtendrá cada fuerza. En todo caso no son las encuestas las que fallan, sino quienes las interpretan. Los sondeos nos brindan pistas que, sumados a indicadores duros, nos permiten inferir la conducta general del electorado y qué piensan sobre distintos temas.
Hoy por hoy la pregunta que gira alrededor del imaginario círculo rojo es quién gobernará la Argentina en los próximos 4 años.

El proceso electoral de este año tendrá 2 ó 3 etapas: PASO, primera vuelta y quizás ballottage. Es fundamental comprender que cada una de estas etapas tendrá una influencia decisiva sobre la siguiente. Es decir que el resultado de las PASO condicionará en alguna medida al resultado de la primera vuelta, y el resultado de ésta hará lo propio con el ballottage (en caso de que no se logre evitar).

Pero además existe otro factor que las atraviesa: las elecciones provinciales que se fueron sucediendo a lo largo de este año. ¿Significa que las catorce elecciones provinciales que ya se realizaron pueden anticipar el resultado de la elección presidencial? Absolutamente no. Pero nos ofrecen otra pista que nos ayuda a comprender el actual escenario sociopolítico.

Existe un consenso básico en los estudios de opinión en torno a quién será el vencedor en las elecciones primarias. Actualmente nadie duda de que la fórmula Fernández – Fernández será la más votada. En lo que se discrepa es cuál será la diferencia de votos que los separe de la dupla Macri – Pichetto, algo que es crucial para develar la pregunta inicial. Además, resultará vital observar cuál será finalmente el desempeño de Roberto Lavagna. En principio, para algunos analistas, la presencia del exministro de economía es funcional a los intereses de Les Fernández. La deducción parte de una premisa: los votantes de Lavagna son, en mayor medida, refractarios a la figura de CFK, votantes de Macri en 2015 y de Cambiemos en 2017. Decepcionados con el desempeño económico del gobierno, están en búsqueda de una alternativa. Otro elemento que se desprende de los diversos estudios de opinión es que la candidatura del hombre de medias y chancletas no supera sus expectativas iniciales y apenas suma un 10-12% de las adhesiones. En este sentido, muchos de los votantes macristas desencantados no encuentran el rumbo y engrosan el alto número de indecisos, similar a los guarismos de Lavagna. En consecuencia, si su candidatura no logra cautivarlos, volverían a caer en el oficialismo. Si eso sucede, el candidato de Consenso Federal no movería la aguja del termómetro electoral.

¿Por qué es tan importante la distancia que separe a Fernández – Fernández de Macri – Pichetto? Porque se plantean 3 escenarios hipotéticos distintos si la diferencia es de 10 puntos porcentuales (o más) o si, en cambio, la diferencia es de 5 puntos porcentuales (o menos).

1. Si en las PASO, la diferencia entre FF y MP supera los 10 puntos porcentuales, las consecuencias posibles son las siguientes:
• Se gestaría un clima de opinión eufórico a favor de la lista triunfante y un clima económico de incertidumbre.
• Axel Kicillof ganaría la elección en la provincia de Buenos Aires.
• Los votos de “los terceros” tenderían a migrar hacia el primero más que hacia el segundo.
• La diferencia para las elecciones generales sería difícil de revertir.
• FF podrían aspirar a superar el primer requisito para ganar la elección: alcanzar el 45%.

2. Si en cambio, en las PASO la diferencia entre FF y MP se ubica entre los 5 y los 10 puntos porcentuales, las consecuencias posibles son las siguientes:
• El clima de opinión se mantendría en la actual incertidumbre y será decisivo el rol que cumplan los actores más relevantes en materia económica.
• Habrá que observar con detalle el resultado de la provincia de Buenos Aires. A priori el final sería abierto.
• Los votos de “los terceros” tenderían a migrar hacia ambas fórmulas, buscando emparejar y polarizar aún más el escenario, actuando reactivamente ante la posibilidad de que gane el que tenga más rechazo y “adelantando” el ballottage.

3. Finalmente, si en las PASO la diferencia entre FF y MP es menor a los 5 puntos porcentuales, las consecuencias posibles son las siguientes:
• El clima de opinión sería muy favorable al oficialismo y las principales variables económicas acompañarían sus intereses al menos hasta cerrar el ciclo electoral.
• María Eugenia Vidal retendría la gobernación bonaerense.
• Los votos de “los terceros” tenderían a migrar hacia el segundo más que hacia el primero.
• La diferencia para las elecciones generales sería reversible.
• La segunda vuelta sería inevitable y el oficialismo acrecentaría las chances de imponerse, tal y como ocurrió en 2015.

En definitiva, el desenlace de la contienda electoral está abierto. El partido de gobierno ha dado muestras sobradas de que sabe competir electoralmente. La situación económica inclina la cancha en su contra y el peronismo ha logrado un alto grado de unidad que hasta hace algunos meses parecía impensado. Este partido es largo. Las PASO son el primer tiempo, las Generales el segundo. Resta esperar si el partido se define en los 90 o habrá que ir a penales. Lo que es seguro es que los partidos no se ganan (o no deberían ganarse) en el escritorio o antes del pitazo final.

*Politólogo (UBA) y analista político